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Las rabietas de los niños: qué son

10 meses ago · · 2 comments

Las rabietas de los niños: qué son

Las rabietas de los niños son uno de los principales motivos por los que los padres se acercan al equipo de orientación del centro escolar o a la consulta de un psicólogo en busca de orientación y ayuda.

Las rabietas provocan angustia en los padres y, en ocasiones, les llevan a un sentimiento de impotencia por no saber cómo hacer en estos casos.

Distintas formas de entender las rabietas

Desde la psicología hay distintas formas de entender las rabietas que no ayudan a los padres a salir de su confusión. Unos psicólogos defienden que hay que acompañar al niño en su desconsuelo mientras que otros argumentan que es mejor no hacerles caso. Detrás de estas pautas hay concepciones diferentes de lo que es y para lo que sirve una rabieta.

  • Aquellos que entienden que la rabieta es un momento emocional difícil para el niño, que ha de enfrentarse a emociones nuevas o difíciles de asumir, tales como la frustración. La rabieta sería el intento del niño de afrontar la frustración, por lo que necesitaría que los padres se mantuvieran cerca de él para sentirse seguro y que le ayudaran a traducir lo que él siente por dentro. Por ej. “estás muy enfadado porque tu amiguito se ha marchado y tú querías seguir jugando con él”. La clave aquí sería permanecer al lado del niño, pero respetando la distancia que él pone, traducir sus sentimientos de forma que el adulto ayuda al niño a entender lo que le sucede y puede sentir ese enfado ayudado por la seguridad que le da que sus padres permanezcan disponibles.
  • Otros psicólogos consideran que es mejor utilizar lo que se llama extinción: retirar la atención del niño mientras está teniendo la rabieta. En este caso, la rabieta se entiende como una conducta inadecuada del niño que hay que hacer desaparecer. Siguiendo los conceptos conductuales, para que una conducta  disminuya su frecuencia hay que aplicar un castigo o retirar la gratificación.  Los padres aplicarían la retirada de su atención mientras el niño está con la rabieta. Así él aprenderá que no le sirve para llamar la atención de los padres este comportamiento. No se le hace caso. Cuando se haya calmado, entonces nos acercamos y hablamos con él.

Existe acuerdo entre los psicólogos en lo inconveniente de aplicar un castigo a una rabieta, por el ciclo de violencia ascendente que genera

¿Cómo saber, entonces, qué es lo más conveniente?

Lo primero que debemos saber es que las rabietas forman parte de la evolución normal del niño. Le ayuda a confirmarse como ser diferente al otro (padre-madre-profesor), al igual que la negativa a los padres (etapa del “no”), que aparece en el segundo año de vida. Es como si el niño nos dijese “tú quieres una cosa, pero yo quiero otra”. Por tanto, más allá de cómo poner fin a la rabieta de nuestro hijo, conviene afinar nuestra capacidad de observación para entender qué le ha podido llevar a ese estado emocional. Es una oportunidad para conocer lo que es importante para nuestro hijo. Hay veces que es el mismo cansancio, la necesidad de comer o dormir la que hay que resolver para que nuestro hijo se encuentre mejor.

Los niños se comunican a través de la conducta hasta que desarrollan el lenguaje. Pero la adquisición del lenguaje es lenta, lo cual quiere decir que los niños utilizan la conducta como modo de comunicación en mucha mayor medida que lo hacemos los adultos. Los niños que llevan retraso en el lenguaje o que tienen problemas para hacerse entender sufren de más rabietas que los niños que tienen un lenguaje bien desarrollado y variado.

El desarrollo del lenguaje va unido al desarrollo del pensamiento

Aparte del desarrollo del lenguaje, existen otros motivos por los que las rabietas pueden establecerse como un modo de comunicación o de control.

Lo normal es que las rabietas tengan un motivo que las desencadena. Ese motivo hemos de buscarlo desde la perspectiva del niño, pues a él le suceden cosas importantes que a nuestros ojos pueden parecer insignificantes. La rabieta nos ha de parecer proporcionada al motivo que la ha provocado y lo normal es que el niño nos permita consolarle en algún momento. Si estas características de la rabieta de vuestro hijo no son así, conviene entonces consultar con un psicólogo que os ayude a comprender qué está sucediendo.

Quiero llamar la atención especialmente sobre las rabietas muy desproporcionadas donde la capacidad de consuelo desde el exterior es muy difícil. Este tipo de rabietas pueden formar parte de otros trastornos del comportamiento más complejos

 

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