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El papel del deseo en la primera infancia

1 año ago · · 0 comments

El papel del deseo en la primera infancia

El deseo en la primera infancia

La cuestión del deseo es algo que nos afecta a cada uno de nosotros, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte, y de lo cual se habla poco, especialmente en relación a la infancia. Un recién nacido ya viene con una estructura que le permite desear. Ésta es una cuestión que muchas veces olvidamos los adultos, especialmente los especialistas, cuando estamos ante bebés muy pequeñitos, pero que las mamás y los papás nos recuerdan a través de las interpretaciones que hacen de los comportamientos de sus bebés. Los primeros deseos surgen en relación a sensaciones corporales: el estómago vacío lleva al bebé a desear “el alimento que falta”, la sensación de cansancio les lleva a desear “el sueño que falta”. Podríamos pensar que aquí sólo existe necesidad, reflejada en frases como “tiene hambre o tiene sueño”.

Sin embargo, con una observación más detallada es fácil caer en la cuenta de que hay bebés que nunca piden de comer, por más horas que pasen; o niños que se caen del sueño (necesitarían dormir) pero se resisten a ello. ¿Acaso hay aquí un problema con la necesidad de apetito o de sueño? Los estudios a los que se someten a estos niños pequeñitos nos muestran repetidamente que, en la mayoría de los casos, no existe ningún problema médico que justifique esos síntomas. Y aquí es donde debemos de pensar que al bebé le mueve algo más que la necesidad, y esto es el deseo: a pesar de la necesidad de dormir, el bebé desea jugar con el papá más tiempo, y este deseo se impone sobre la necesidad. Y esto los papás y las mamás lo saben de sobra, por eso no sólo nombran que el bebé tiene hambre o tiene sueño, sino que incorporan aspectos como lo que le gusta al bebé, o lo que quiere su hijo en un determinado momento, reconociendo que lo que mueve a sus hijos es algo más que las necesidades básicas.

El desarrollo del deseo

A partir de los 3 meses el bebé se abre poco a poco al mundo que le rodea, interesándose por algún objeto. Los juguetes constituirán su principal mundo de observación, exploración, experimentación y aprendizaje desde los 4-5 meses y durante muchos años. Esa apertura psíquica y emocional, primero hacia la madre, luego hacia otras personas y objetos, coincide en el desarrollo evolutivo con los grandes avances a nivel motor y lingüístico. Es muy importante que entendamos este desarrollo del niño en su conjunto. Porque el bebé nace con una estructura preparada para alcanzar los hitos motores y del lenguaje en el momento correspondiente, pero se puede bloquear dicho desarrollo por cuestiones psíquicas y emocionales. Y aquí lo vamos a relacionar con la cuestión del deseo, que es la que nos ocupa. Cuando el deseo en un bebé está bien establecido va a permitir la siguiente dinámica: veo un objeto que me interesa (puede ser la mamá o un juguete cualquiera) – me planteo qué puedo hacer para alcanzarlo dentro de mis posibilidades (estirar el brazo, dar una patada, voltearme, gatear, caminar, etc., según la edad del niño).

Puede ser fácil y llegar a alcanzar lo que quieren poniendo en práctica alguna de las habilidades que ya tienen. Pero no siempre es así, por ejemplo un bebé que no gatea quiere desplazarse para llegar al lado de su mamá. Mantendrá el interés por un tiempo corto, y le veremos esforzarse de distintas formas para conseguir llegar a su mamá o a su objeto de deseo. Tardará tiempo (días, semanas) en conseguir llegar, pero todo este proceso tendrá un doble beneficio para el bebé: desarrollará sus habilidades motoras (conseguirá una forma de desplazarse) y estimulará su deseo y motivación por conseguir las cosas que quiere. Luego le seguirá el sentimiento de satisfacción por haber logrado su objetivo después del esfuerzo realizado. Y sobre estos procesos tan tempranos se asientan las capacidades futuras de motivación, interés, esfuerzo y satisfacción en los niños mayores.

Con el lenguaje pasa lo mismo: “me faltan palabras para comunicarme con mamá, con papá, con los amiguitos…” y de aquí surge el deseo de aprender una forma que le sirva para entenderse con aquellos que ama. Nuevamente, esto suele darse de forma natural, y los padres lo estimulan también de manera natural, teniendo esto en cuenta sin saberlo. Así, se interesan profundamente por lo que sus hijos quieren comunicar, y les hablan como sujetos que entienden lo que se les dice. Esto constituye la mejor forma de estimular el desarrollo del lenguaje. Seguiremos hablando del tema del deseo en la primera infancia y cómo estimularlo en próximos artículos.

¿Conocíais esta información acerca del deseo en la infancia?

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